¿Por qué el cerebro?

Reconozco que, a diferencia de muchos, nunca quise ser científico de joven. Recuerdo haber tenido siempre una gran afición por modificar mi entorno, me encantaba (y sigue encantando) pasarme horas y horas diseñando artilugios, algunos con cierta utilidad y otros simplemente por disfrute personal. No me importaban las herramientas ni los recursos. Conforme iba creciendo iba pasando del papel a los legos, de los legos a la madera, de la madera a la informática. Siempre fascinándome por las nuevas formas de modificar el mundo, hasta que me topé con un gran muro. Desde mi punto de vista un muro infinito en todas las direcciones. En su base había muchas personas intentando elevarse sobre él, algunos saltando, otros con sillas, con escaleras o con construcciones indescriptibles. Pero todos intentando ver más allá.

Al preguntar que había más allá, la respuesta fue “el cerebro”.  Esta palabra nunca tuvo especial interés para mí antes de este momento, pero a partir de ahí pude ver toda la potencia que podría tener su entendimiento. Se plantó la semilla de una obsesión que dura a día de hoy.  Pronto, tras un tiempo conversando con los saltarines y los de las sillas, comprendí  por qué eran incapaces de subir más alto, su método era erróneo. Así que decidí intentar buscar las escaleras más altas, y encontré una gran congregación de ellas, tan altas que ni siquiera pude ver el final, enmarañadas unas con otras en un caos apacible. Rápidamente me decidí subir, soñando con llegar algún día a ver más allá.

 Actualmente subiendo me encuentro. Muchos han sido los que han pasado ya por aquí y muchos son los que lo intentan, por eso también me gusta dar la mano y ayudar a subir a todo el que puedo. No sé muy bien la razón de esto último pero quizás sea  por miedo a quedarme solo arriba.

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